Cuando nos vamos acercando a esta etapa vital o si tenemos a gente cercana que ya está experimentando algunos cambios que pueden tener relación con la transición menopaúsica, nos asaltan las dudas y temores
sobre cómo vamos a transitar nosotras por esta fase.
Porque la menopausia en sí solamente hace referencia al fin de la menstruación
y de nuestra capacidad reproductora, y punto. Dejamos de ovular y por un complejo mecanismo hormonal, marcado principalmente por la disminución de la producción de estrógenos en nuestro cuerpo, la preparación de nuestro útero en cada ciclo para albergar el óvulo fecundado si lo hubiese, deja de producirse (por eso ya no hay reglas).
Nadie nos había contado que este complejo equilibrio hormonal
que tenemos durante la edad adulta es responsable también de nuestra salud cardiovascular y ósea, piel y mucosas, etc. Y a partir de entonces, es cuando pueden aparecer distintos problemas de salud
que muchas de nosotras ya conocemos (osteoporosis, hipertensión arterial, sequedad, dolor en las relaciones, etc.)
Pero una de las cosas que peor llevamos es la etapa de la perimenopausia, ese tiempo en el que “si, pero no” (me baja la regla un mes, y tres no, cuando me baja estoy con sangrado 15 días, otras veces me dura una semana, …) Os suena, ¿no? La dichosa incertidumbre
sobre lo que va a pasar y cuándo va a suceder (en el trabajo, volver a manchar la ropa como cuando teníamos 15 años, o por la noche desbordar la compresa, tampón o copa menstrual porque las cantidades ahora ya no son como antes y es difícil calcular lo que necesitamos ponernos).
Existe una gran variedad
de “transiciones menopaúsicas”, lo mismo que diferencias tenemos entre las mujeres en la actualidad. Además, lo que para unas nos puede resultar super engorroso e incapacitante, para otras puede ser motor de cambio en sus hábitos de vida e incluso una oportunidad para buscar mejor y mayor disfrute por ejemplo en las relaciones sexuales ya que no existe posibilidad de embarazo (ojo con las infecciones de transmisión sexual, que la posibilidad de contagio no disminuye por la edad).
No podemos negar que la llegada de la menopausia hasta no hace mucho tiempo estaba unida al “síndrome del nido vacío”, resignación ante los cambios físicos inevitables que vamos a tener, disminución en nuestra calidad de vida (sofocos, insomnio, depresión), etc. Lo hemos visto y vivido en nuestras madres y generaciones anteriores, lo mismo que hemos aprendido que el dolor de regla es normal, ¿verdad?
Las mujeres mayores de 40 y 50 años, en la actualidad, buscamos respuestas, queremos saber cómo prepararnos mejor para esta nueva etapa vital, tenemos a nuestro alcance mucha información y no nos resignamos.
Debemos ser conscientes también que es preciso introducir algunos cambios en nuestros hábitos de vida que pueden ayudarnos, no solo a nivel físico sino también a nivel de las relaciones sociales, manejo del estrés, etc.
Tenemos un gran reto por delante, queremos acompañarte y transitar contigo, ¿te apuntas?